“…y así Dios perdonará las malas obras en la tierra y les concederá la vida eterna”. El cura cerró el féretro de la anciana. Las pocas personas que concurrieron al funeral se fueron de inmediato sin derramar lágrima alguna. Y es que Gema Bustamante no tuvo mucha gente que la quisiera, ya que sus 87 años de su vida no estuvieron exentos de problemas y tragedias.
Una hora antes de empezar la misa del domingo, Rosa vistió y peinó a su hija Gema, la única mujer de cinco hermanos. La familia Bustamante era tradicional y conservadora, por lo tanto a los hombres los educaban para ejercer una carrera política y a Gema, para ser una buena esposa, lo que ella nunca aguantó. Fue ese estilo de vida lo que la llevó, a sus 14 años, a escaparse de su casa. Sus padres nunca más la volvieron a ver.
Luego de vagar por las pintorescas calles de París, la mujer corrió lo más rápido que pudo. Los policías franceses no lograron alcanzar a la joven delincuente, quien robó dos marraquetas y un pastel de la panadería. Dicha mujer hambrienta y solitaria parecía no tener remedio alguno. “Gema ya creció. Nadie le dice que es lo que tiene que hacer”, gritaba llorando al mismo momento que dejaba de correr. En ese instante se miró el tatuaje hecho por ella misma con un fierro caliente. La marca, ya cicatrizada, contenía la palabra ‘libertad’.
(NO TERMINADO)
miércoles, 11 de abril de 2007
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